Llegó la Semana Santa y cómo no, teníamos que hacer algo para aprovechar el tiempo. Llevamos un ritmo de miedo pero igualmente estamos dispuestos a seguir con las andanzas por tierras argentinas.
Por un lado Manu y Gloria, aprovechando que ella estaba aquí, tenían ya pensado su viaje desde hace tiempo y las reservas hechas, como debe ser. Fueron a tierras de la Patagonia, menuda pasada de fotos nos ha enseñado a la vuelta además de algunas historias muy curiosas. Digno de vivir sin lugar a dudas.
Por otro lado estábamos Jose Luis, Oscar y yo. Jose Luis tenía algunas cosas pendientes y era duda. El destino casi lo teníamos claro, Mendoza, una de las capitales mundiales del vino. El martes 19 de marzo aprovechando que volvíamos de la facultad en colectivo y esa línea pasaba cerca de la estación de colectivos, fuimos a reservar los billetes. Parece que nos cambiamos de país y nos empanamos porque a nadie se le ocurriría en España ir a comprar unos billetes para un destino turístico el día de antes. Como nos temíamos, todo reservado, ni una sola plaza. Algunas compañías tenían sólo ida, otras vuelta. Pensamos incluso en ir a Jujui, Córdoba, Salta, etc. Preguntamos para todos esos destinos y nada. Menos mal que la cabeza pensante de Oscar le dio para caer en la cuenta de que en una compañía nos dijo que tenía sólo de ida y en otra, la vuelta para cuando queríamos. Al final y tras más de una hora en la estación, conseguimos billetes. Llegamos al hostel y Omar nos apañó un hostel en Mendoza a través de un amigo suyo. Todo a la carrera.
El miercoles Jose Luis se incorporó a última hora, aún no sé cómo. Hicimos el viaje de ida a las 19 horas, unos 1200km en los peores asientos (en la planta de abajo al lado del motor) de la peor empresa de colectivos de Argentina. Llegamos como 3 horas tarde porque tuvimos que parar por que se rompió el aire acondicionado y también debido a una tormenta de campeonato que nos pilló a la mitad. Yo hice casi todo el viaje durmiendo así que las casi 15 horas de viaje no se me hicieron muy pesadas.
Llegamos a Mendoza (jueves) y nos desplazamos al hostel en el que teníamos la reserva hecha. Sinceramente nos sorprendió a todos porque estaba realmente muy bien. Todo de madera, en una zona algo retirada del centro y ambiente familiar. Nada más llegar nos desquitamos con un porrón (así se llama aquí a la litrona de birra) y nos relajamos un momento disfrutando de la terracita que tenía el hostel. La dueña se nos acercó y nos propuso algunas actividades que me hicieron tener un pequeño pellizco en el estómago. Entre las actividades estaba el rafting, pasar el día relajándonos en unas termas, visitas a bodegas de vino y subida a la alta montaña. Decidimos en el momento hacer al día siguiente rafting y las demás, ya veríamos.

Después de decidir lo de la actividad, nos desplazamos al centro para ver algunas plazas turísticas.

Comimos en un sitio donde nos hinchamos de pasta y luego, alquilamos unas bicicletas y darnos un paseo. Fuimos a unas ruinas antiguas que eran los orígenes de la ciudad y la verdad es que estaban bastante deterioradas.

Más tarde, de camino a un parque grandísimo que tiene la ciudad (a ver si aprendemos), nos paramos en un mercado donde nos tiramos muchísimo tiempo con un hombre super simpático que nos sorprendía con pequeños juegos de ingenio que vendía. Pasamos un buen rato. Después de otro paseito en bici llegamos al parque.

Tenía un lago donde había un club de piragüas. Allí esperamos al anochecer y aprovechamos para hacer algunas fotos, precioso el lugar. De vuelta al hostel decidimos tomarnos unas birras y no salir ya que entre el viaje, las bicis y demás estábamos cansadísimos.


Al día siguiente (viernes) temprano nos pasaron a buscar en un remis (minibus) para ir a hacer rafting, y mientras disfrutábamos del impresionante paisaje, nos desplazamos hacia un pueblo que se llamaba Potrerillos (Potrerishos para los gauchos, jeje).

Llegamos a la zona donde se hacían las actividades y tuvimos que esperar un tiempo para que nos comenzaran a organizar, a que nos dieran las nociones básicas de seguridad y darnos el material necesario. Nos equipamos con muchos nervios y nos llevaron rio arriba para embarcar en los gomones (son como una especie de zodiacs). Nos echamos al agua en poco rato y uf... el agua estaba realmente fría. Oscar fue el primero en probarla ya que cayó a las primeras de cambio principalmente provocado porque su compañero en la punta del gomón tenía una empanada bastante considerable y casi era imposible coordinarse con él. Creo que desde entonces Oscar me debe una cerveza porque lo rescaté yo, jeje. Al rato cayó el padre del empanado también. Nos mojamos todos porque el agua salpicaba por todos lados en los rápidos. Íbamos rio abajo y nos encontramos con varios rápidos que nos pusieron a prueba. La acción de la bajada (aprox. una hora) sumado al irrepetible paisaje hace de la experiencia algo impresionante, me encantó! Al terminar compramos un cd donde estaba inmortalizado los mejores momentos del rafting, jeje.

La vuelta al hostel a eso de las 15 horas la hicimos rozando la somnolencia (algunos la pasaron). Por supuesto echamos mogollón de fotos antes y después de todo. A la noche, después de una merecida siesta, preguntamos por la marcha en la ciudad y nos sumamos a ella. Antes de salir nos confirmaron que no podíamos hacer la subida a la alta montaña porque estaba todo petado. Una pena, la verdad, porque sabíamos de primera mano que era precioso ver el puente del Inca, entre otras muchas cosas. Después de la mala noticia nos plantamos en el centro de Mendoza donde nos dispusimos a cenar, y lo hicimos en un sitio de comida árabe. Muy bueno todo, mmm. La calle de la marcha no quedaba lejos y para allá que fuimos. Estaba llena de bares con terraza, chicas guapas, mucha cerveza, etc. Lo de siempre pero a más de 10000 km de tu casa, jeje. Nos ambientamos y tras un buen rato pasándolo bien nos volvimos al hostel.

El sábado básicamente nos hinchamos de andar, más centro, apañamos una visita para el día siguiente ir a unas bodegas de vino, más comida buena para almolzar... por la tarde paseamos atravesando la ciudad hasta ir al zoo. Impresionante el sitio y los animales, algunos de ellos, para ser sinceros, mal cuidados y en condiciones nada óptimas. Es curioso ver cómo la gente se comportaba. Daban de comer a los animales (chicles, helados, gusanitos...) desatendiendo los carteles que prohibían hacerlo, echando fotos con flash a menos de un metro, etc. Realmente no dudé en ningún momento del lado de la jaula del que estaban los animales. Después de andar en el zoo durante horas y que me sobraran algunos animales debido al cansancio, tomamos un taxi hasta el hostel. Nos preparamos para salir otro rato y a partir de aquí, se repitió lo de la noche anterior. Chicas guapas, cerveza, buena música, etc.

El domingo nos volvieron a pasar a buscar en un remis para llevarnos a las bodegas. El guía mientras nos desplazábamos a las zonas vitivinícolas de la provincia nos explicaba el proceso de la elaboración del vino, algo de historia de la ciudad en torno a la actividad, etc. Visitamos 2 bodegas de vino y una de aceite, que también venía incluida en la actividad. Nos explicaban los guías de cada bodega la manera en que trabajaban, el tipo de uva de la que sacaban el vino, procesos, importación, entre otras cosas. Nos daban a probar y conseguimos distinguir "algo" las diferencias entre vinos de diferentes uvas. Por supuesto, compramos vino después de cada cata, jeje. Personalmente la experiencia me resultó muy interesante porque ya el mundo del vino me gustaba y quería aprender. En la excursión charlamos con mucha gente, matrimonios argentinos de vacaciones muy buena gente y también conocimos a una chica que venía con sus padres. Era de un pueblo cercano a Rosario pero estaba desde hacía unos años en Córdoba, otra de las ciudades a visitar. Se ofreció como guía y nos cambiamos las direcciones de correo. Cuentas pendientes por hacer. Nos llevaron al centro y mientras tanto, hicieron un juego en el bus con el cual se ganaba una botella de vino si el número de asiento coincidía con las 2 últimas cifras del coche que viniera de frente...tuvimos suerte y le tocó la botella a Oscar, olé! Otra que se sumó a las que ya compramos y que tenemos ya planes culinarios para dar buena cuenta de ellas.

Por la tarde tras comer más carne (sí, más...), nos desplazamos para tomar el bus hacia Rosario de vuelta. Nos esperaban otras 12 horas de viaje pero realmente lo que nos sabíamos que nos esperaba era ese pedazo de bus. Vaya tela con el bus y el viaje. El bus muy cómodo y teníamos cena y desayuno incluido. Encima al rato de montarnos nos comunicaron que se iba a hacer un bingo en el mismo autobús, vamos, algo inusual totalmente. Ganó una mujer que estaba sentada detrás nuestra y se llevó una botella de vino. Lo demás transcurrió normal después de la pedazo de cena. Peli típica, mucho dormir y llegada a Rosario. Casi ni me enteré. Nos despedimos de Jose Luis en la estación de buses y Oscar y yo de vuelta al hostel.
La ciudad de Mendoza me resultó muy diferente a Rosario. Para mi gusto más bonita, con calles con unas acequias en las que te caías y no salías nunca, jaja. Mucha vida nocturna, más actividad si cabe en la provincia, donde gracias a su disposición a pie de los Andes, hay mil cosas por ver y hacer. Muy recomendable.
Hasta aquí mi viaje a la ciudad de Mendoza, sin lugar a dudas, unos de los mejores de mi vida, incluído en el que estoy viviendo y que se va a extender durante meses.
Un abrazo a todos!!!!
PD/ Gracias a Emes por estrenar la sección de comentarios!
Por un lado Manu y Gloria, aprovechando que ella estaba aquí, tenían ya pensado su viaje desde hace tiempo y las reservas hechas, como debe ser. Fueron a tierras de la Patagonia, menuda pasada de fotos nos ha enseñado a la vuelta además de algunas historias muy curiosas. Digno de vivir sin lugar a dudas.
Por otro lado estábamos Jose Luis, Oscar y yo. Jose Luis tenía algunas cosas pendientes y era duda. El destino casi lo teníamos claro, Mendoza, una de las capitales mundiales del vino. El martes 19 de marzo aprovechando que volvíamos de la facultad en colectivo y esa línea pasaba cerca de la estación de colectivos, fuimos a reservar los billetes. Parece que nos cambiamos de país y nos empanamos porque a nadie se le ocurriría en España ir a comprar unos billetes para un destino turístico el día de antes. Como nos temíamos, todo reservado, ni una sola plaza. Algunas compañías tenían sólo ida, otras vuelta. Pensamos incluso en ir a Jujui, Córdoba, Salta, etc. Preguntamos para todos esos destinos y nada. Menos mal que la cabeza pensante de Oscar le dio para caer en la cuenta de que en una compañía nos dijo que tenía sólo de ida y en otra, la vuelta para cuando queríamos. Al final y tras más de una hora en la estación, conseguimos billetes. Llegamos al hostel y Omar nos apañó un hostel en Mendoza a través de un amigo suyo. Todo a la carrera.
El miercoles Jose Luis se incorporó a última hora, aún no sé cómo. Hicimos el viaje de ida a las 19 horas, unos 1200km en los peores asientos (en la planta de abajo al lado del motor) de la peor empresa de colectivos de Argentina. Llegamos como 3 horas tarde porque tuvimos que parar por que se rompió el aire acondicionado y también debido a una tormenta de campeonato que nos pilló a la mitad. Yo hice casi todo el viaje durmiendo así que las casi 15 horas de viaje no se me hicieron muy pesadas.
Llegamos a Mendoza (jueves) y nos desplazamos al hostel en el que teníamos la reserva hecha. Sinceramente nos sorprendió a todos porque estaba realmente muy bien. Todo de madera, en una zona algo retirada del centro y ambiente familiar. Nada más llegar nos desquitamos con un porrón (así se llama aquí a la litrona de birra) y nos relajamos un momento disfrutando de la terracita que tenía el hostel. La dueña se nos acercó y nos propuso algunas actividades que me hicieron tener un pequeño pellizco en el estómago. Entre las actividades estaba el rafting, pasar el día relajándonos en unas termas, visitas a bodegas de vino y subida a la alta montaña. Decidimos en el momento hacer al día siguiente rafting y las demás, ya veríamos.

Después de decidir lo de la actividad, nos desplazamos al centro para ver algunas plazas turísticas.

Comimos en un sitio donde nos hinchamos de pasta y luego, alquilamos unas bicicletas y darnos un paseo. Fuimos a unas ruinas antiguas que eran los orígenes de la ciudad y la verdad es que estaban bastante deterioradas.

Más tarde, de camino a un parque grandísimo que tiene la ciudad (a ver si aprendemos), nos paramos en un mercado donde nos tiramos muchísimo tiempo con un hombre super simpático que nos sorprendía con pequeños juegos de ingenio que vendía. Pasamos un buen rato. Después de otro paseito en bici llegamos al parque.

Tenía un lago donde había un club de piragüas. Allí esperamos al anochecer y aprovechamos para hacer algunas fotos, precioso el lugar. De vuelta al hostel decidimos tomarnos unas birras y no salir ya que entre el viaje, las bicis y demás estábamos cansadísimos.


Al día siguiente (viernes) temprano nos pasaron a buscar en un remis (minibus) para ir a hacer rafting, y mientras disfrutábamos del impresionante paisaje, nos desplazamos hacia un pueblo que se llamaba Potrerillos (Potrerishos para los gauchos, jeje).

Llegamos a la zona donde se hacían las actividades y tuvimos que esperar un tiempo para que nos comenzaran a organizar, a que nos dieran las nociones básicas de seguridad y darnos el material necesario. Nos equipamos con muchos nervios y nos llevaron rio arriba para embarcar en los gomones (son como una especie de zodiacs). Nos echamos al agua en poco rato y uf... el agua estaba realmente fría. Oscar fue el primero en probarla ya que cayó a las primeras de cambio principalmente provocado porque su compañero en la punta del gomón tenía una empanada bastante considerable y casi era imposible coordinarse con él. Creo que desde entonces Oscar me debe una cerveza porque lo rescaté yo, jeje. Al rato cayó el padre del empanado también. Nos mojamos todos porque el agua salpicaba por todos lados en los rápidos. Íbamos rio abajo y nos encontramos con varios rápidos que nos pusieron a prueba. La acción de la bajada (aprox. una hora) sumado al irrepetible paisaje hace de la experiencia algo impresionante, me encantó! Al terminar compramos un cd donde estaba inmortalizado los mejores momentos del rafting, jeje.

La vuelta al hostel a eso de las 15 horas la hicimos rozando la somnolencia (algunos la pasaron). Por supuesto echamos mogollón de fotos antes y después de todo. A la noche, después de una merecida siesta, preguntamos por la marcha en la ciudad y nos sumamos a ella. Antes de salir nos confirmaron que no podíamos hacer la subida a la alta montaña porque estaba todo petado. Una pena, la verdad, porque sabíamos de primera mano que era precioso ver el puente del Inca, entre otras muchas cosas. Después de la mala noticia nos plantamos en el centro de Mendoza donde nos dispusimos a cenar, y lo hicimos en un sitio de comida árabe. Muy bueno todo, mmm. La calle de la marcha no quedaba lejos y para allá que fuimos. Estaba llena de bares con terraza, chicas guapas, mucha cerveza, etc. Lo de siempre pero a más de 10000 km de tu casa, jeje. Nos ambientamos y tras un buen rato pasándolo bien nos volvimos al hostel.

El sábado básicamente nos hinchamos de andar, más centro, apañamos una visita para el día siguiente ir a unas bodegas de vino, más comida buena para almolzar... por la tarde paseamos atravesando la ciudad hasta ir al zoo. Impresionante el sitio y los animales, algunos de ellos, para ser sinceros, mal cuidados y en condiciones nada óptimas. Es curioso ver cómo la gente se comportaba. Daban de comer a los animales (chicles, helados, gusanitos...) desatendiendo los carteles que prohibían hacerlo, echando fotos con flash a menos de un metro, etc. Realmente no dudé en ningún momento del lado de la jaula del que estaban los animales. Después de andar en el zoo durante horas y que me sobraran algunos animales debido al cansancio, tomamos un taxi hasta el hostel. Nos preparamos para salir otro rato y a partir de aquí, se repitió lo de la noche anterior. Chicas guapas, cerveza, buena música, etc.

El domingo nos volvieron a pasar a buscar en un remis para llevarnos a las bodegas. El guía mientras nos desplazábamos a las zonas vitivinícolas de la provincia nos explicaba el proceso de la elaboración del vino, algo de historia de la ciudad en torno a la actividad, etc. Visitamos 2 bodegas de vino y una de aceite, que también venía incluida en la actividad. Nos explicaban los guías de cada bodega la manera en que trabajaban, el tipo de uva de la que sacaban el vino, procesos, importación, entre otras cosas. Nos daban a probar y conseguimos distinguir "algo" las diferencias entre vinos de diferentes uvas. Por supuesto, compramos vino después de cada cata, jeje. Personalmente la experiencia me resultó muy interesante porque ya el mundo del vino me gustaba y quería aprender. En la excursión charlamos con mucha gente, matrimonios argentinos de vacaciones muy buena gente y también conocimos a una chica que venía con sus padres. Era de un pueblo cercano a Rosario pero estaba desde hacía unos años en Córdoba, otra de las ciudades a visitar. Se ofreció como guía y nos cambiamos las direcciones de correo. Cuentas pendientes por hacer. Nos llevaron al centro y mientras tanto, hicieron un juego en el bus con el cual se ganaba una botella de vino si el número de asiento coincidía con las 2 últimas cifras del coche que viniera de frente...tuvimos suerte y le tocó la botella a Oscar, olé! Otra que se sumó a las que ya compramos y que tenemos ya planes culinarios para dar buena cuenta de ellas.

Por la tarde tras comer más carne (sí, más...), nos desplazamos para tomar el bus hacia Rosario de vuelta. Nos esperaban otras 12 horas de viaje pero realmente lo que nos sabíamos que nos esperaba era ese pedazo de bus. Vaya tela con el bus y el viaje. El bus muy cómodo y teníamos cena y desayuno incluido. Encima al rato de montarnos nos comunicaron que se iba a hacer un bingo en el mismo autobús, vamos, algo inusual totalmente. Ganó una mujer que estaba sentada detrás nuestra y se llevó una botella de vino. Lo demás transcurrió normal después de la pedazo de cena. Peli típica, mucho dormir y llegada a Rosario. Casi ni me enteré. Nos despedimos de Jose Luis en la estación de buses y Oscar y yo de vuelta al hostel.
La ciudad de Mendoza me resultó muy diferente a Rosario. Para mi gusto más bonita, con calles con unas acequias en las que te caías y no salías nunca, jaja. Mucha vida nocturna, más actividad si cabe en la provincia, donde gracias a su disposición a pie de los Andes, hay mil cosas por ver y hacer. Muy recomendable.
Hasta aquí mi viaje a la ciudad de Mendoza, sin lugar a dudas, unos de los mejores de mi vida, incluído en el que estoy viviendo y que se va a extender durante meses.
Un abrazo a todos!!!!
PD/ Gracias a Emes por estrenar la sección de comentarios!
4 comentarios:
Hola Juankita!!
Q buena pinta tiene el viaje, pero creo q te hubiese hexo falta otro diita para esa escapada a la montaña no? Sé q t kedaste con ganitas...
Por cierto... has comprobado si t exan algun somnifero en la bebida q t dan en el autobus? Porq vamos es q no es normal q t pegues esas pexás de dormir ahi! jajajaja
Me alegro de q estes descubriendo mundo, q tengas nuevas e interesantes experiencias y sobre todo q estes contento :D
Te quiero siempre.
MUAAAAAAA
ummmm...me encanta como cuentas las cosas R :)
un poco de aires selvatikos me llegan hasta mis adentros...jejejeje
besiones a sacos industriales
vaya ritmo que llevas bichako!!!
Come pescadito y verduritas que te veo que vuelves como Maradona.
Lo de la barquita se sale!!!
Qué alegría saber de este sitio!!
No sabes las veces que me he reído con tus cosillas primo!
Es como si estuviésemos contigo. Gracias por compartirlo de esa forma... también me parece estar contigo.
Un fuerte abrazo hermano!
Por cierto, so Serdo (con S)... desbloquea la movida para que te podamos escribir los anónimos sin tener que abrirnos un blog!
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