lunes, 7 de abril de 2008

I perol en Cool Raul Hostel

Hola gente!

Finalmente el miércoles, aprovechando que aquí era feriado (es decir, fiesta) probamos un perol como debe ser. Se nota que Mercedes, la queridísima madre de Oscar, le puso mucho amor para hacerlo porque salió riquísimo. Llegó también esa mañana Ángel, desde Córdoba, y su chica argentina. Van a ser papás en un mes. En el patio del Cool Raul se hablaban muchos idiomas. Alemán, español argentino, andaluz e inglés… pero a todo el mundo se le dijo que aquello funcionaba a la voz de “cuchará y paso atrás”. No quedaba otra. Con arroz de por medio y mucha hambre, se explicó a los allí presentes que más que una comida, el perol es un acontecimiento, la excusa perfecta para que nos podamos ver familiares y amigos. Cerveza, comida, risas, flamenco, country (por parte de Nick, americano de Alaska) y muy buen rollo. Todos quedamos muy contentos y bien llenos porque nos comimos 2 peroles enteritos.


Después del perol nos fuimos a jugar un partidillo de futbol. Debido al magistral manejo del balón con mis pies, me puso de manera voluntaria como portero. Allí todos encantados, jaja. Me tocó en el peor equipo de todos y perdimos casi todos los partidos. O era yo el malo? Quien sabe!

Después del futbol teníamos una cita con una amiga de Omar, la negra. Es radiolocutora y lleva un programa de música. Estaba interesada en que grabáramos el programa y que el admirado Salmorejo Social Club tocara una vez más. Nos pasó a buscar y nos llevó al estudio. Una vez allí esperamos en un bar cercano y nos tomamos unos porrones (cervezas de litro). Entramos dentro de la sala ya con cierta cerveza en el cuerpo, poca vergüenza y ganas de liarla.

Otra vez Oscar fue casi el portavoz del grupo y estuvo brillante, pero qué arte tiene! Dentro del estudio no faltaron las bromas en voz baja mientras estábamos en el aire… “Manu, pégate un pedo y que suene en antena”, jajaja, qué risas! Me recordó a cuando pequeño te reías en la iglesia, sabías que no podías y casi que por eso te daban más ganas. Ahora estamos pendientes de que nos pasen la grabación del programa. Lo pasamos genial.

El jueves por la noche tuvimos una cena preparada por las chicas del baile en un bar. La cena era griega, en Argentina y de invitados, españoles, jeje. Comimos salsas de yogurt, profiteroles y musaka. Todo estuvo delicioso...mmmmm.

Estaban invitados los padres de Oscar y por supuesto no fueron con las manos vacías. Llevaron jamón, queso, lomo, un Pedro Jiménez… vamos, lo de siempre! La comida estaba exquisita y disfrutamos de cómo nos tratan aquí. Es impresionante el buen talante que tiene la gente que estoy conociendo, me siento como en casa. Cerramos la cena bailando unas sevillanas y yo hice mi destrozo particular al bailar en “estilo libre”. Nos volvimos al hostel, echamos mil partidas al futbolín y nos acostamos a las tantas.

Gracias a que el asunto del campo medio se arregló, el viernes por la noche tuvimos un asado espectacular con un montón de buena gente, montón de carne, montón de vino y montón de risas.

Después salimos a dar una vuelta por ahí cerca de casa. Estuvimos en un sitio que de día es librería y de noche es un garito. Vamos, es el mismo edificio pero se hace en sitios separados. Estaría bueno estar de fiesta leyendo algo de Platón, os imaginais? Seguro que alguno lo haría.

Después de este sitio terminamos en un alter al ladito de casa y salimos cual vampiros mientras nos deslumbraba el sol. Oscar nos abandonó a mitad de noche porque se fue con los padres a las cataratas de Iguazú. Seguro que ahora está flipando por allí, ya nos contará.

El sábado dimos un paseito algunos del hostel. Comimos fuera, en la ribera del río mientras veíamos el derby Newell’s Old Boys contra Rosario Central.

Tomamos el poste al ritmo de reggae tranquilo en otro sitio y volvimos al hostel para descansar ya que esa noche volvíamos a salir. La historia se repite pero esta vez acompañados por un inglés más gracioso que nada. Entre Manu y yo le enseñamos a decir, pasito a pasito: “Shhh, illo, ere un máquina ompare”, qué risas! Terminamos la noche en Willie Dixon, que es una discoteca gigante donde ponen rock, ska y reggae. Saltamos en el pogo al ritmo de Ska-p e hice un aterrizaje con la espalda sobre el suelo, vaya hostia! Lo sorprendente de todo esto es que todos los que estaban saltando se pararon, me levantaron y seguimos botando, jajaja. Salimos como vampiros por segunda vez y nos comimos unas hamburguesas justo en frente del local. Por cierto, ganó Newell’s a Rosario Central por 1-0.

El domingo transcurrió tranquilito. Comida por parte de las chicas alemanas que nos hicieron una pasta buenísima. Luego paseamos Manu y yo por la ribera del rio y echamos un ojo a un mercado artesanal. Nos topamos con una gente que hace percusión y creo que este domingo nos pasamos por allí para ver si aprendemos algo.

Os dejo por el momento que aunque no lo parezca, también estoy estudiando.

Un abrazo a todoooos

2 comentarios:

princesa dijo...

Cosa bonita!! cómo me gusta leer tus aventuras...

Jajajaja me ha encantado el final... "aunque no lo parezca estoy estudiando" ya yaaaa jajajaja!!

Pues eso, que lo disfrutes y que nos sigas contando cositas!!

Muá!

e M e s dijo...

jejejej pero bueno en Argentina siempre es sabado??? que ritmo de vida!!!!